Pesado antes que extremo:

Aproximación al Heavy Metal Colombiano (Parte II)

 

Entre la expansión y la ilusión.

 

Si los años ochenta marcaron el nacimiento del hard y el heavy metal colombiano y con ello la escena underground, la década de los noventa representó años de enorme entusiasmo y la consolidación del rock nacional. Al igual que ocurrió en buena parte de Latinoamérica, el auge del llamado rock en español abrió espacios en la radio, las disqueras y los grandes escenarios para agrupaciones que hasta entonces habían permanecido en circuitos independientes. Parecía que el rock colombiano, por fin, tendría una industria propia.

Portadas de algunos trabajos inicales de Krönos, Tránsito Libre, Akash, Tron, Darath y Agnosis 
Ese nuevo panorama también transformó el rumbo de muchas bandas. La búsqueda de un sonido con identidad latinoamericana, el crecimiento del rock alternativo y la irrupción del grunge llevaron a numerosos músicos a explorar nuevas sonoridades. Agrupaciones como Aterciopelados, Poligamia o Ekhymosis, que tenían un pasado en el thrash metal, terminaron representando esta etapa, mucho más cercana a los circuitos comerciales. Las discográficas apostaron por el llamado “rock en tu idioma” bajo la ilusión de crear una industria regional con impacto mundial; sin embargo, al final, solo contadas agrupaciones colombianas disfrutaron de apoyo por algún periodo.

Portadas de algunos trabajos inicales de Excalibur, Agata, Sangre Picha, Warriors of the Light, Tom Abella y Nicolás Waldo.
Mientras buena parte de la atención se concentraba en ese movimiento, el hard rock, el heavy y el metal extremo continuaron su propio camino. Muchas agrupaciones nacidas en aquellos años apenas alcanzaron a publicar un demo o un único álbum antes de desaparecer. En algunos casos, las promesas de las disqueras se quedaron en eso, sumando algunas estafas y falta de publicidad. Otras cambiaron de estilo o sus integrantes emigraron a nuevos proyectos e incluso al extranjero. Sin embargo, unas pocas lograron mantenerse activas y construir una discografía que trascendió el entusiasmo inicial. Junto a Kraken, Krönös o Akash, que se consolidaron como la columna vertebral del género en el país y competían con bandas como Rata Blanca de Argentina, también evolucionó el lado extremo con nombres como Masacre, Inquisition o La Pestilencia. Estas demostraron que era posible sostener una carrera de largo aliento en un panorama cambiante, manteniéndose fieles a la esencia del metal y alejadas de las exigencias comerciales.
Si Kraken se convirtió en el gran referente del heavy metal desde Medellín, Krönös hizo lo propio desde Cali. Formada en 1987, la banda irrumpió en un contexto donde el hard rock y el heavy metal comenzaban a competir con las nuevas tendencias del rock en español. Tras ganar el Primer Festival Nacional de Rock en Bogotá, publicó en 1988 su álbum debut homónimo bajo el sello CBS. En sus inicios, el proyecto combinó el heavy metal clásico con influencias del hard rock y una marcada estética glam, cercana a las tendencias internacionales. Además de su tema más radial, “Fuego entre mis venas”, la potencia y voz del frontman Jorge Fresquet —quien reemplazó a Peter Schroeder tras su experiencia en la banda francesa Firefox— fueron elementos determinantes para su éxito nacional.

 

 

El Eje Cafetero, una nueva escena 

Por entonces, el género comenzaba a expandirse hacia otras regiones. El Eje Cafetero sería uno de los primeros territorios donde esta tradición encontraría identidad y formaría una escena local. Desde Pereira, por ejemplo, surgió Tránsito Libre en 1989; con su primer EP homónimo de 1992, dieron a conocer canciones como «Poco tiempo por vivir» e impulsaron la atención hacia el movimiento en ciudades intermedias. Como muchas agrupaciones de la época, sus integrantes se reúnen ocasionalmente para presentaciones en festivales o venues.
Igualmente en Armenia, Därath apareció en 1992 con una propuesta que combinó hard rock, A.O.R. y heavy metal de orientación melódica y romántica, reflejando la influencia del rock en español. Su primer EP, Tiempo perdido (1993), mostró una faceta del sonido nacional más cercana a las tendencias comerciales que dominaban el rock latino. En la banda figuraron nombres como el reconocido vocalista Juan Carlos Ángel “Angelo” y el guitarrista y productor Jorge A. Holguín “Pyngwi”.
Holguín ha trabajado en consola con bandas como Kraken o Rafa Bonilla, y ha sido nominado al Grammy en varias ocasiones.
Pero si hubo una banda que terminó convirtiéndose en el gran referente del hard y el heavy metal del Eje Cafetero, esa sería Akash. Fundada en Armenia, también en 1992, Akash comenzó su trayectoria con el demo Fuera de control (1997), aunque sería durante los años siguientes cuando alcanzaría una proyección nacional que la convertiría, junto a Kraken y Krönös, en una de las agrupaciones más representativas y longevas del hard y el heavy metal colombiano. Su propuesta, marcada por un equilibrio entre melodía y contundencia, logró consolidar una identidad y una discografía que trascendió en años y el circuito regional.

Medellín, tradición melódica

Mientras tanto, Medellín seguía produciendo hard rock, con una orientación más melódica. Formada en 1989, Tron publicó en 1991 su único álbum, el LP Apariencias, bajo el recordado sello Discos Victoria. Canciones como «Apariencias», «La Bruma» y «Voy cayendo» le permitieron ganar reconocimiento en el auge del rock colombiano de comienzos de los noventa. Aunque nunca grabaron un prometido segundo trabajo de estudio, el disco terminó convirtiéndose en una pieza de colección.
Posteriormente apareció Agnosis, que publicó en 1992 el demo Cementerio de sueños, una producción que combinó heavy y thrash metal con letras de contenido social. Aunque su trayectoria fue breve, varios de sus integrantes continuaron en Athanator, incorporando canciones de Agnosis a su repertorio como parte esencial de la evolución del metal paisa.

Bogotá, tomando el under 

En esas mismas fechas en Bogotá la cosa no paraba. El circuito de bares y los primeros festivales en salones comunales impulsaron la diversidad y la rotación en radio, ya que la gente podía solicitar canciones y, a veces, la difusión de demos. Allí encontramos a Excalibur (nombre que no debe confundirse con la mítica banda de Medellín de los 80, ni con los manizalitas Escalibur, con s). La banda publicó en 1991 un demo de tres canciones («Guerra Santa», «Colombia» e «Instrumental») que continuó la tradición del intercambio de casetes y mercados especializados. A pesar de su breve duración, representó la versión capitalina de la estética glam y el sonido hard.
También nacida en Bogotá en 1990, Ágata trascendió el circuito de demos con Más Allá (1992), uno de los álbumes más representativos del heavy metal bogotano de la época. Liderada por Nicolás Amaya en guitarra y voz, contaba con integrantes como Joseph Watson en el bajo (también en Hades). La banda presentó una apuesta de heavy y hard rock melódico que se diluyó debido a la migración de sus integrantes, aunque aún comparten contenido en su canal de YouTube.
Una de las bandas más visibles fue Sangre Picha, nacida en 1991, que ejemplifica el diálogo entre el heavy metal y sonidos más extremos. Su primer demo de 1993 reflejó una evolución desde el grindcore hacia una mezcla de heavy y thrash con contenido social. En este periodo, los festivales en Bogotá se convirtieron en el escaparate principal, gestando la idea de lo que sería Rock al Parque. La banda alcanzó gran reconocimiento al participar en sus tres primeras ediciones, consolidándose como un referente capitalino.
Para finales de los 90, con una escena más activa, se experimentó más con los estilos y comenzó a ser notable el virtuosismo técnico y un mayor rango instrumental, surgiendo incluso batallas de bandas. Tres pilares de esta época que influyeron en la diversificación hacia el power, el progresivo y el shred guitar —anticipándose a la evolución del género en el siglo XXI— son Warriors of the Light, Tom Abella y Nicolás Waldo.
Warriors of the Light comenzó en 1998 a partir de la experiencia previa de la banda Mr. Crowley y publicó en 1999 su primer demo, manteniendo una propuesta influenciada por el heavy tradicional y algunas apuestas power. La banda se destacó en gran parte por la influencia de sus integrantes en los circuitos nacionales: la gran voz de Alejandro Sabatini (que también figuró en EX-3), uno de los cantantes más reconocidos del género en Colombia gracias a su amplio registro; la guitarra de Carlos Oñoro, importante promotor de conciertos; y los hermanos Sander y Reinel Bermúdez, baterista y tecladista, respectivamente, de los muy recordados black góticos Ethereal.
Por su parte, Tom Abella, tras obtener el primer lugar en el Festival Rock Guitar de Bogotá (1994), inició una carrera que lo convertiría en uno de los guitarristas más importantes del país, siendo una influencia directa para músicos posteriores. Tras el demo Ragnarok (1997), publicó Nacidos para la batalla (1999), considerado uno de los primeros trabajos colombianos dedicados al metal instrumental y la guitarra solista. Influenciado por figuras como Eddie Van Halen, Jason Becker y Gary Moore, demostró que el heavy metal nacional, pese a las dificultades para grabar con altos valores técnicos, también podía desarrollar un gran talento interpretativo.
En ese tiempo daba sus primeros pasos uno de los músicos más prolíficos del país: el guitarrista Nicolás Waldo. Su primer demo solista, Ripping the Sky (2001), reflejó una fuerte influencia del shred, el power y el metal progresivo, incorporando recursos como cambios métricos y armonías complejas. Paralelamente, desarrolló bandas como Fire Lineage, Heaven Flame, Vorpal Nomad y proyectos de impacto internacional como Energema. Además, consolidó una extensa carrera como compositor y productor, siendo uno de los músicos con mayor discografía en el heavy metal del país.
Sobre esos cimientos se construiría una nueva generación de bandas y se hizo evidente que la historia no siempre avanza de manera lineal. La paradoja es evidente: hubo más discos, mejores músicos, festivales, apoyo de las grandes disqueras y una atención mediática que parecía anunciar expanción definitiva del rock nacional. Sin embargo, el espejismo duró poco. El mercado cambió, las modas también, y muchas de aquellas expectativas terminaron diluyéndose antes de convertirse en una verdadera industria cultural. Lo que quedó fueron canciones, una generación de músicos excepcional y una escena que aprendió a existir sin depender del éxito comercial, la que yo considero como una de las verdaderas y determinantes características del metal colombiano. Quizá por eso, más que una historia de triunfos o fracasos, esta sigue siendo una historia de terquedad, insistencia y persistencia.
Concluía así una década de transformaciones. Aunque el auge comercial del rock en español se desvanecía y se aproximaba una crisis económica y tecnológica que impactaría la industria al inicio del nuevo siglo, el hard y el heavy metal colombiano habían logrado extenderse por todo el país, consolidando escenas regionales y alcanzando una madurez técnica impensable años atrás.
Referencias: además de las referencias aquí citadas, este artículo se elaboró a partir de la consulta de material discográfico original (vinilos, casetes, demos y CD), archivos digitales, entrevistas directas, memorias de músicos y coleccionistas, publicaciones especializadas y documentación aportada por integrantes de la escena del hard y el heavy metal colombiano recopilada en la experiencia periodistica, invetigativa y de gestión cultural de Dark Room Network.

Link a la parte I; https://darkroomnetwork.com/pesado-antes-que-extremo-aproximacion-al-heavy-metal-colombiano-parte-i/

Link a la parte III;

Por; Luis López Huertas

Director Darkl Room Network.

#Elladorockdelavida

 

 

 

 

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