Bogothrash Sessions: una segunda oportunidad a toda velocidad

El regreso comenzó en Proyecto Kinder entre thrash, punk, heavy y black metal. Más que un concierto, Bogothrash Sessions fue una primera prueba para una organización que busca reconstruir la confianza de la escena y llevar nuevamente el festival a Bogotá en 2027.
Hay regresos que se construyen desde la nostalgia. Otros necesitan algo mucho más difícil: volver a ganarse la confianza.
Eso era, en buena medida, lo que estaba en juego el pasado domingo 27 de septiembre en Proyecto Kinder, en Bogotá. Allí, bajo el formato Bogothrash Sessions, el nombre de uno de los proyectos que marcó una parte de la historia reciente del metal underground colombiano volvió a encontrarse con su público después de casi una década.
No era todavía el regreso del festival, era otra cosa: una prueba. La propia organización ha planteado estas Sessions como parte del camino hacia el regreso del Bogothrash Festival en 2027, después de una etapa de reorganización y de atención a los compromisos que quedaron pendientes tras la edición de 2016. En su comunicación oficial, Bogothrash informó que había atendido aproximadamente 780 casos relacionados con aquella edición, cerca de 600 mediante diferentes alternativas de canje, y que permanecían alrededor de 400 tickets pendientes. Por eso, el domingo no solamente estaban en juego las bandas, también estaba en juego la posibilidad de que el público volviera a creer.

En Dark Room Network y desde El Lado Rock de la Vida tenemos que comenzar por una confesión: no estuvimos desde el principio.
Algunas dificultades de transporte, relacionadas con la construcción del metro por la avenida Caracas de Bogotá, hicieron que nuestra llegada a Proyecto Kinder fuera tardía y, además, nuestra presencia fue inicialmente como público. En esta ocasión no realizamos un proceso formal de acreditación de prensa. Gracias a la gestión de un amigo, pudimos posteriormente acceder a la zona VIP y de prensa para retomar nuestro trabajo periodístico.
Lo decimos porque una crónica responsable también consiste en reconocer aquello que no se vio. Por eso no hablaremos como testigos de presentaciones que no presenciamos y lamentamos lo que nos perdimos: Aethernam, la banda que abrió oficialmente la jornada, y RYLSKY, ambas seleccionadas en la convocatoria realizada por Bogothrash el 23 de agosto en Ozzy Company. Aunque las opiniones del público confirman que ambas agrupaciones fueron muestras potentes y que RYLSKY incluso consiguió poner a los primeros asistentes a armar pogo con su propuesta de thrash alternativo.
También nos perdimos a Hellroar. Llegamos justo cuando terminaban su presentación, pero quedó claro que esta agrupación logró llamar la atención por la energía de sus integrantes y la potencia escénica de su vocalista. Aunque se mencionó que tuvieron algunas dificultades técnicas, es importante señalar que la producción general fue excelente, con una acústica de alta calidad y muy pocos, pero realmente, muy pocos, fallos sonoros, sin duda uno de los mayores puntos positivos de todo el evento.
Proyecto Kinder: un lugar que entendió el concepto
Uno de los aciertos de la jornada fue el espacio. Proyecto Kinder permitió una distribución particular para un evento de estas características. La tarima estaba ubicada en un recinto independiente de una amplia zona exterior donde el público podía comer, beber, conversar, encontrarse con amigos o simplemente permanecer alrededor de la actividad sin tener que estar permanentemente frente al escenario.
El recorrido de entrada tenía una zona exterior en la que llamaban la atención un bus y un automóvil clásicos intervenidos con numerosos stickers, los cuales fueron el “parchadero” de la tarde para bebidas y fotos. Había hamburguesas, diferentes puntos de bebidas y la presencia de El Hijueputa Café, que llevó un vehículo especialmente acondicionado. Dentro del escenario también había una zona VIP en palco y balcón desde donde se obtenía una muy buena visibilidad.
Las bandas que sí vimos.
Primero Morlhex. La agrupación bogotana ofreció una descarga que se mueve entre el heavy speed y el thrash, pero que en vivo transmite especialmente esa sensación de velocidad, crudeza y calle que uno espera encontrar en una banda underground. Fue una presentación vigorosa donde Morlhex no necesitó una producción gigantesca para generar respuesta: guitarras rápidas, actitud y una conexión directa con el público. Los cabeceos, el pogo y los coros aparecieron entre quienes ya se encontraban frente a la tarima. Bogothrash estaba recuperando volumen.

La siguiente descarga fue Poison The Preacher, una de las agrupaciones colombianas que más ha venido ganando reconocimiento dentro de la escena reciente. Su mezcla de thrash y hardcore, lo que ellos mismos han denominado en diferentes espacios como “Colombia Style”, permitió además que el público comenzara a mostrar una composición más diversa. Aquí Bogothrash ya no era un grupo de asistentes dispersos alrededor de un escenario.

Y si hubo una banda que consiguió transformar el ambiente de la jornada, fue Acidez. La agrupación mexicana llegó con esa combinación explosiva de punk, hardcore y metal que le permite moverse cómodamente entre diferentes públicos de la música pesada, convirtiendo su presentación en uno de los momentos de mayor concentración de asistentes.

La gente comenzó a entrar al área del concierto, el espacio frente al escenario se llenó y la banda hizo el resto. Papeles, confeti, fuego, movimiento e interacción permanente con el público acompañaron una presentación que tuvo mucho de espectáculo, pero que funcionó fundamentalmente por la energía de la propia banda. Acidez no vino simplemente a tocar, vino a provocar y consiguió que el público respondiera. Fue probablemente el punto en que Bogothrash Sessions dejó de sentirse como una prueba y comenzó a sentirse como un festival en toda regla, como si estos diez años no hubieran pasado.
Después llegó Dirges. Y aquí apareció una de las cosas que más nos interesaba encontrar en este regreso: la presencia de una generación de experiencia y fuerza que suena como toneladas de metal cayendo del escenario.

Hay bandas que en tarima simplemente ejecutan sus canciones para hacer un espectáculo. Dirges entiende que un festival exige ocupar el escenario y convertir la música en presencia física. Hay bandas que reproducen una época porque quieren vivir de ella; hay otras que simplemente pertenecen a una tradición y continúan construyendo desde ella. Su presentación recordó que el thrash colombiano también tiene memoria y que una escena no se construye únicamente con lo nuevo, sino también con las bandas que mantienen viva una determinada manera, la clasica, la vieja escuela, de entender la música pesada.
El cierre quedó en manos de Power From Hell, desde Brasil, y fue una elección contundente. La banda se mueve principalmente dentro del black metal, pero no teme incorporar elementos de death y thrash, presentando una propuesta que no se queda encerrada en un solo género. Esa amplitud se hizo evidente durante una presentación que terminó siendo uno de los grandes momentos de la noche.

Corpse paint, candelabros, fuego y oscuridad. Power From Hell consiguió algo particularmente interesante: tomar a un público que no necesariamente conocía en profundidad su propuesta y convertirlo en audiencia y nuevos fans. No era una banda que llegara a Colombia con cientos de seguidores esperando frente a la tarima; era, precisamente, una de esas apuestas internacionales que pueden ampliar el mapa sonoro de una escena, y funcionó.
Este cierre fue determinante y dejó la sensación de que la jornada había conseguido mantener una intensidad creciente hasta el final, logrando concentrar a la práctica totalidad del público frente al escenario.
Más de mil personas y una escena que volvió a encontrarse
La cifra exacta de asistentes no fue oficialmente establecida en las fuentes que consultamos, por lo que preferimos hablar desde nuestra observación: alrededor de mil personas pasaron por el evento, con una concentración especialmente importante durante las presentaciones de Poison The Preacher y Acidez.
Aunque la confianza no se recupera en un solo día, aquí está el punto más delicado de toda esta historia, que señalamos desde nuestra línea editorial en Dark Room Network para el análisis y la crítica: Un buen concierto no borra lo ocurrido en 2016. Una buena asistencia tampoco resuelve automáticamente los compromisos pendientes, y un evento exitoso no debería convertirse en un cheque en blanco. Bogothrash tiene todavía una tarea importante por delante.
La propia organización reconoce que aquella edición forma parte de una historia que debe ser atendida antes de consolidar plenamente el regreso. También ha informado públicamente sobre el proceso de atención a quienes quedaron afectados y sobre su intención de continuar resolviendo los casos pendientes, lo cual celebramos para beneficio del público y de la escena. Por eso el éxito de Bogothrash Sessions debe medirse en su justa dimensión.

Fue un excelente comienzo y, aunque no es todavía una absolución, sí es un resultado exitoso, concreto y medible.
La organización consiguió realizar el evento, reunir público, presentar bandas nacionales y extranjeras, mantener una experiencia que en términos generales fue bien recibida y, sobre todo, reflejar un esfuerzo de transparencia. En agosto, Bogothrash anunció oficialmente su nueva estructura administrativa, artística, financiera, técnica y operativa, liderada por Mike Sánchez y con la dirección general de Hernando Puentes, acompañados por un equipo encargado de producción, finanzas, comunicaciones, campo y operaciones que se dejo ver con todo el profesionalismo en comunicaciones, gestión y organización. .
Desde Dark Room Network celebramos el regreso. No solamente porque Bogothrash tenga una historia importante para la memoria viva y escrita de nuestra escena nacional; lo celebramos porque Bogotá y Colombia necesitan escenarios para sus bandas. Necesitamos estos festivales privados que sean capaces de invertir en artistas nacionales y que a su vez permitan que una banda joven pueda compartir escenario con una agrupación internacional. Y finalmente, como pasó ese día, poder vivir y sentir la comunidad metalera en Bogotá.
Por; Luis López Huertas
Director Dark Room Network – El Lado Rock de la Vida.
